Era la mañana del 23 de julio 2008. Era un día tan normal como cualquier otro. Comenzaba un día con la mis rutina de siempre. Sonó el despertador tan puntual como siempre -eran las 4:00 AM-.
Me pare entre dormido y despierto, puse los pies en el gélido suelo de mi habitación. Busque el encendedor para dar luz a la habitación. Tome el despertador y lo apague. Camine hacia el baño y entre a darme una buena ducha.
Pero esta ducha no era como las que me había dado antes. Esta vez me di el gusto de tardar todo el tiempo que desee.
Solo sentía las gotas de agua, que caían de la ducha, estrellarse en mi rostro y, sentía como se deslizaban, y dibujaban mi cuerpo en el espacio, para luego caer al piso y perderse en el inodoro. Mientras estaba en la ducha me preguntaba, si lo que haría estará correcto.
Salía de la ducha y me ponía frente a la lava mano, alce la mirada, y vi mi rostro reflejado en el espejo. Cepillé mis dientes, me seque, limpie el baño y Salí con dirección a mi habitación.
Mientras estaba en mi habitación me vestí con el uniforme del trabajo, y para cuando estuve listo, tome el resto de mis cosas y me dispuse a salir de mi casa. Apague la luz y silenciosamente en mi mente, me despedí, de todo aquello que me hizo compañía por mucho tiempo. Me despedí de mi soledad.
Cuando Salí de mi casa ya eran las 6:00 am. Caminando por la calle me di cuenta que estaba tan helada como el piso de mi habitación, pero aun así, las personas se disponían a ir a sus lugares de trabajo, a su escuela, a su universidad, o a cualquier otro sitio que fuese su destino.
Cuando llegue a la parada del bus tome uno que me llevara hasta el metro. Pensaba que era la mejor opción de transporte en esta congestionada ciudad, aunque no es ni muy seguro, ni muy eficiente que digamos.
Al llegar a la estación y ver aquella cantidad de personas piensas que esto es otro mundo. Parecemos ganados siendo arreados por nuestras "conciencias". Aunque inconscientemente hacemos lo que hacemos.
Ves que todo esta organizado. Hay filas muy largas que se disponen a orillas de un andén. Veo gente que se peina. Otras se maquillan. Otros escuchan música. Y otros simplemente esperan pacientemente -aunque con obvia desesperación- la llegada al andén del próximo tren.
Mientras inconscientemente observo al resto de las personas que están a mí alrededor. Una voz por una bocina interrumpe mis pensamientos diciendo:
- - ¡Mantenga una distancia prudencial de la franja amarilla. Recuerde que es el límite de su seguridad! ¡Cuando el tren de tenga, colóquese a los lados de las puertas, y permita la salida de los demás pasajeros! Recuerde que dejar salir, es entrar mas rápido.
En ese preciso momento, en el que aquel hombre por el altavoz decía eso. Por mi mente pasaban millones de ideas a la vez. Me preguntaba que seria de mí. Si la vida es tan importante como para vivirla hasta el final. Y si era de cobardes quitarte lo único que tienes TU VIDA.
Era sumamente difícil concentrarme en una sola idea, y tratar de dar respuesta a la misma. La hora ya no me importaba.
Vi las luces del tren acercarse al andén y espere el preciso momento. Camine hacia atrás, y luego apartando a las personas trate de correr en dirección a la franja amarilla de la que tanto nos advertían.
Me deje caer en el vacio, y en aquel instante solo pensaba si me dolería. Pensaba que no, porque el choque del tren contra mi cuerpo, me dejaría sin vida en un instante.
Recordé mi vida en un instante. Mi primer juguete. La primera vez que fui a la escuela. Mi primer amor. La primera vez que tuve sexo. Recordé a aquel ser que no le dije TE AMO en la universidad, por miedo a que no me quisiera. Recordé cosas que creí olvidadas. Imagine a mi madre desconsolada llorando por su hijo.
A mi padre consolándola. A mis hermanos diciendo que yo era el mas complicado a de la familia. A mis tías, mis primos, a mi abuela llorando por mi muerte.
Y, en ese momento, solo me sentía en paz. Sabía que no era la mejor forma de morir pero quería hacerlo. Sentía la necesidad de irme de este mundo, el cual no comprendía, no entendía, en el cual no vivía.
Aparté todos los pensamiento de mi mente, y solo sentí paz. Voltio mi cara y solo vi la luz del tren. Y supe en ese momento, que mi vida, la cual no quise vivir, por miedos estúpidos creados por una sociedad idiota que no sabe si es verdad que existen, y creen en cosas que están lejos de su comprensión, había llegado a su final.......!
Jose G. Orozco F.
Los teques, Mariara-Venezuela.

es solo una reflexion, historia etc? . o realmente alguien escribio esto antes de hacerlo y lo hizo?